sábado, 8 de septiembre de 2012

Esposas frivolas - Erich von Stroheim - Texto


Foolish Wives
Director: Erich von Stroheim.
Guión: Erich von Stroheim.
Productora: Carl Laemmle-Universal Pictures.
Estreno: 11 de enero de 1922.
País: EEUU.

En Villa Amorosa, cerca de Montecarlo viven tres estafadores que se hacen pasar por aristócratas rusos. El conde Sergio Karamzin y sus primas Olga y Vera, hacen circular en el casino el dinero falso con que les provee Cesare Ventucci, un jugador que en un día infortunado lo perdió todo. Al enterarse de la llegada a Mónaco de Andrew Hughes, conocido millonario americano, y de su esposa Helen, el grupo se apresura a hacer sus planes, basados en el éxito de Karamzin con las mujeres. El conde se ofrece a enseñar la ciudad a Helen, que se muestra impresionada por sus atenciones. Durante uno de sus paseos, estalla una fuerte tormenta que obliga a ambos a buscar refugio en una cabaña; sólo la llegada de un monje impide al conde culminar sus propósitos.
En una noche afortunada, Helen gana mucho dinero en la ruleta. Horas después, Sergio cita a Helen en la villa, donde tiene lugar una fiesta; en ella, el conde le pide a Helen 900 francos, alegando una deuda de honor, que la mujer le entrega. Maruschka, la criada del conde, que espera en vano sus promesas de matrimonio, enloquece de celos ante la presencia de Helen en la villa, prendiendo fuego a la residencia. Helen y Sergio son rescatados por los bomberos, mientras que la criada se suicida arrojándose al mar.
Hughes es informado de que su mujer le es infiel, y furioso golpea al conde, conminándole a abandonar Montecarlo. Como la noche aún es joven, Sergio acude a casa de Ventucci dispuesto a divertirse con la hija de éste. Creyéndole un intruso, Cesare le dispara y le mata, tirando luego su cadáver a una alcantarilla. Olga y Vera son detenidas por la policía cuando pretenden abandonar a villa. Hughes regresa al hotel y allí conforta a su mujer.

En el estreno se exhibe una secuencia final, luego suprimida, en la que Helen da a luz un hijo prematuro de su marido, a quien había ocultado su embarazo para no perderse su viaje a Europa. Después de estrenar La ganzúa del diablo (Devil's Pass Key 1920), Erich von Stroheim oblige a la Universal a revisar su contrato y al mismo tiempo acepta la idea de Carl Laemmle de hacer de Montecarlo el marco de su próxima película. En respuesta al éxito que varias superproducciones rivales están obteniendo en su distribución, la Universal da vía libre a Stroheim, quien en un alarde de gigantismo, sólo superado por la Babilonia aparecida en Intolerance de Griffith, reconstruye en estudio con gran minuciosidad toda la plaza del casino de Montecarlo. El rodaje se va a convertir en un cúmulo de desastres: gran parte del decorado es destrozado por violentas tormentas y ha de ser reconstruido; Stroheim es arrestado por agentes federales acusado de fabricar dinero francés para la película; Rudolph Christians, que interpreta el papel de embajador americano, muere repentinamente y ha de ser precipitadamente reemplazado por Robert Edeson, un doble que se le parece vagamente, lo que obliga al director a filmarlo de espaldas o entre sombras; el presupuesto final se va incrementando progresivamente, lo que ocasiona numerosos enfrentamientos entre Stroheim y Thalberg, superando finalmente el millón de dólares. Con grandiosidad formal y minuciosidad extrema, Stroheim busca un realismo que sólo encuentra en la estética. El mundo que se muestra no es tal, sino el que el director observa: un universo personal teñido de negrura e ironía. Esto es precisamente lo que hace de Foolish Wives una obra maestra.
En el estreno el 11 de Enero de 1922 en el Central Theatre de Nueva York, el film está recortado hasta doscientos diez minutos, por lo que Stroheim acusa a la productora de mostrar sólo «el esqueleto de su hijo muerto». La película logra recaudar sólo 870.000 dólares, un fracaso teniendo en cuenta su elevado costo. La crítica está dividida; mientras para algunos, el alumno -Stroheim- ha alcanzado al maestro -Griffith-; para otros, los más, el joven director es ya un enemigo declarado.

Luis Enrique Ruiz
Obras Maestras del Cine Mudo









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